Octubre de 2026. Harvard publica un estudio con un hallazgo que, si lideras equipos, debería hacerte pensar.
Investigadores de BetterUp Labs y Stanford analizaron qué ocurre cuando los miembros de un equipo empiezan a consultar a la IA en lugar de consultar a sus compañeros. El resultado es contraintuitivo y, una vez que lo entiendes, es difícil no verlo en todas partes:
La IA aumenta la percepción de que cada persona del equipo tiene conocimiento especializado y único. Pero al mismo tiempo erosiona la confianza entre compañeros y su capacidad de coordinarse.
Lo llaman “relationslipping”: el debilitamiento progresivo de las relaciones de trabajo a medida que las personas sustituyen a sus colegas por una pantalla.
Y ocurre de dos formas que, cuando las ves, son devastadoramente lógicas.
La primera: cuando alguien le pregunta a la IA en lugar de a un compañero, deja de actualizar su mapa mental de quién sabe qué dentro del equipo. Ese mapa — lo que los psicólogos llaman “sistema de memoria transactiva” — es la arquitectura invisible que hace que un equipo funcione de verdad. No el organigrama. No el procedimiento. El mapa real de confianzas y competencias que se construye conversación a conversación, proyecto a proyecto.
La segunda: cuando alguien delega su trabajo a la IA, su forma de pensar deja de ser visible para los demás. Y sin visibilidad del pensamiento del otro, el mapa pierde precisión. El equipo deja de conocerse.
El resultado: individuos más eficientes. Equipos más débiles.
Aquí es donde entra el pensamiento sistémico.
Peter Senge lo explicó hace treinta años en La quinta disciplina — uno de los libros que más ha formado el pensamiento de Atman: las organizaciones son sistemas. Y los sistemas tienen propiedades que no existen en sus partes por separado. La inteligencia colectiva de un equipo no es la suma de las inteligencias individuales. Es algo que emerge de la calidad de las conexiones entre ellas.
Cuando esas conexiones se debilitan — aunque sea por algo aparentemente positivo como el uso de IA — el sistema pierde capacidad. No se nota de inmediato. Se nota cuando el equipo tiene que tomar una decisión bajo presión, coordinar en un momento crítico, o atravesar una crisis sin manual de instrucciones.
Lo que el estudio de HBR llama relationslipping es, en términos sistémicos, la degradación del tejido conectivo del equipo. Y como todos los procesos sistémicos lentos, es invisible hasta que ya ha hecho daño.
Lo que llevamos 20 años viendo en salas de equipos
Antes de que existiera la IA generativa, ya existía el problema. Lo hemos visto con el email, con los grupos de WhatsApp, con las herramientas de gestión de proyectos: cada vez que una tecnología permite saltarse una conversación, algunos equipos la saltan. Y cada conversación que no ocurre es una conexión que no se construye o no se actualiza.
La IA lo acelera porque es extraordinariamente buena en dar respuestas convincentes. Tan buenas que quitan la urgencia de preguntar al compañero. Y quitar la urgencia de la conversación es, en un equipo, quitar la urgencia de la relación.
Lo que el estudio confirma con datos es algo que en Atman hemos observado durante años de trabajo con equipos directivos: la inteligencia colectiva no es un estado. Es una práctica. Se mantiene viva con conversaciones reales, con fricción productiva, con el esfuerzo de entender cómo piensa el otro — no solo qué piensa.
Y eso no lo hace la IA. Lo hacen las personas cuando tienen las condiciones para encontrarse de verdad.
¿Qué hacer con todo esto?
El estudio no dice que la IA sea mala para los equipos. Dice que cómo se usa la IA determina si fortalece o debilita la inteligencia colectiva.
Desde nuestra experiencia, hay tres preguntas que cualquier líder debería hacerse ahora mismo:
¿Sabe tu equipo realmente quién sabe qué? No en teoría. En la práctica del día a día, cuando llega un problema inesperado. Si la respuesta genera dudas, hay trabajo que hacer en el mapa de confianzas y competencias.
¿Cuánto del pensamiento de tu equipo es visible? Las reuniones, las conversaciones informales, las discrepancias que se resuelven en voz alta — todo eso construye el tejido sistémico. Si cada vez más pensamiento ocurre en privado, mediado por IA, el equipo pierde la capacidad de aprender colectivamente.
¿Tiene tu equipo espacios donde las personas se encuentran de verdad? No para reportar. Para pensar juntos, disentir, actualizar el mapa de quién es quién. Esos espacios no son un lujo de bienestar. Son infraestructura de rendimiento.
La IA va a seguir mejorando. La inteligencia colectiva de tu equipo, si no se cuida, puede ir en dirección opuesta. Y eso a medio plazo será un problema.
