Ya sabes trabajar en equipo. Pero no sabes ser individualista.
Es difícil encontrar a alguien que no sepa qué es trabajar en equipo. Más difícil aún es que te digan que No quieren trabajar en equipo. . Es evidente que tener buena voluntad, ser amable con los compañeros, ofrecerles ayuda y mostrar cierto tipo de conductas y comportamientos es algo que ya podemos dar por sentado tras haber superado la etapa del «individualismo dominante» ¿o tal vez no?.
Este es el dilema en el que se debaten muchos de los equipos con los que compartimos trayecto en algunas de nuestras sesiones de entrenamiento y desarrollo. Todos decimos trabajar en equipo, pero al mismo tiempo todos vemos individualismo por doquier. ¿Cómo se reconcilia esta dicotomía perceptiva?. Nuestras amigas las abejas tienen la solución. Se trata de la regla de Farrar.
La Regla de Farrar es un principio de la apicultura que establece que, a medida que aumenta la población de una colmena, la producción individual de cada abeja también aumenta. Esto significa que la producción de miel no crece de manera lineal, sino exponencial, debido a la mayor proporción de abejas creadoras en colmenas más grandes.
El entomólogo y apicultor estadounidense Clayton L. Farrar formuló esta regla tras estudiar la dinámica poblacional de las abejas. Según sus observaciones, una colmena con 10.000 abejas puede producir 1 kg de miel, mientras que una con 50.000 abejas puede generar 25 kg de miel, siguiendo una relación cuadrática. (5 veces mas de lo esperado!). Una relación cuadrática es una conexión entre dos variables donde la variación de una afecta a la otra de manera proporcional al cuadrado de su valor.
Dicho de otro modo, las matemáticas detrás de este fenómeno productivo explican cómo se puede trabajar individualmente (luego vas a ver individualismos) y agregar valor colectivo (trabajar en equipo) si se dan ciertos parámetros. (vaya, que es posible ser individualista y trabajar en equipo a la vez, aunque esto no se consigue de cualquier forma).
Evidentemente las abejas no tienen intereses individuales contrapuestos que hagan que para que una produzca otra tenga que dejar de hacerlo. Principio 1. Tienen objetivos individuales pero son coherentes con los de la colmena como conjunto. Una abeja no tiene celos o envidia de que otra abeja al hacer su trabajo limite sus posibilidades de hacer lo que tiene que hacer, no hay «disonancias» ni límites de rendimiento. Muchas veces, este primer principio sencillamente no se cumple en algunos de los equipos humanos y para que unos lleguen y consigan lo que quieren conseguir otros tienen que dejar de hacerlo convirtiendo el fenómeno equipo en un juego de suma cero en lugar de un fenómeno cuadrático. (Regla de Farrar)
El principio 2 apunta a lo siguiente: por mucha buena voluntad que haya una mala comunicación da al traste con la regla de Farrar. Claro,, las abejas no hablan, no discuten, no se «malentienden». Simplemente se «relacionan en calidad de interdependencia», es decir, de necesidad mutua. Cuando tu sientes que necesitas alguien no vas a anularle, a bloquearle, a negarle, a molestarle,,, sería del género necio dificultar el desempeño de alguien que está para ayudarte ¿no?. Lo más inteligente es favorecer su trabajo No cuidar el modelo de comunicacion intra-equipo es una manera de hacerle difícil al otro que nos ayude. Cuando esto falla lo que queda sobre la mesa es el individualismo, por eso muchos equipos dicen verlo a menudo aun cuando por otro lado hay buena voluntad para trabajar coordinados y en sintonía emocional (objetivo común, procedimientos compartidos,,,, y todo lo que decimos cuando definimos el trabajo en equipo. La buena «conectividad» es el factor multiplicador de las matemáticas que explican eso de que 1+1+1 puede ser = 4. Esto apunta a que en ciertos casos, más personas pueden multiplicar el rendimiento del equipo, no solo sumarlo. Sin embargo, demasiadas personas pueden generar problemas de comunicación y conectividad emocional y disminuir la eficiencia por lo que puede llamar más la atención el individualismo que el fenómeno equipo y sus resultados. Por eso, encontrar el tamaño óptimo del equipo es clave, no por el tamaño en sí y los recursos asociados claro, si no porque también afecta a la calidad de la comunicacion y conectividad emocional.
El principio 3 de la regla de Farrar aplicada a equipos humanos radica en el poder de la intención. La intención es eso que hueles pero no sabes porqué ni cómo lo hueles. Por lo que sabemos la intención se capara cuando tu intuición está dentro de un rango de atención sin muchas interferencias, por eso no nos funciona a todos igual ni al mismo tiempo (no todos tenemos el mismo nivel o intensidad de ruido mental interno). Cuando olemos intenciones «extrañas», confusas, contradictorias, o ambivalentes las personas empezamos a sospechar. Al ser humano le encanta sospechar y la sospecha es el principio de la desconfianza. Cuando desconfías prestas más atención a los posibles peligros y amenazas, y cuando pones tu foco ahí,, es lo que acabas viendo (Principio de Heisenberg) . Por eso aunque se esté trabajando bien en equipo, si las intenciones de algunos «abejorros» no son nobles, claras o transparentes puede parecer que lo que predomina es el individualismo (de hecho así es, pues es donde ponen el foco quienes sienten desconfianza). Así pues la Confianza o su ausencia son el tercer elemento que explica porque sabiendo trabajar en equipo, siendo conscientes de que normalmente es lo que hacemos a diario,, también conviva la creencia de que en el dia a dia se ve mucho individualismo.
La solución es cultivar un cambio de paradigma perceptivo, en el que sembremos intenciones de alto valor añadido al punto en el que su mera aparición haga que se disipe toda duda acerca de lo que se está buscando. Hay intenciones e Intenciones.
Así que sí!; es posible ser individualista (hacer excelente tu trabajo individual) y gregario al mismo tiempo. Pero para que esta balanza esté equilibrad y no se desvirtue hacia una percepción ineficiente hemos de cuidar algunos principios básicos de la ley de Farrar aplicada a humanos.
Feliz colmena!

