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Lo más caro que puede hacer un líder: creer que sabe dirigir equipos

Esto quizás te resulte extraño, o no…

Sabes qué medidor es el más común en el que la gran mayoría de las parejas se basan para saber si todo va bien: la cantidad de veces que discuten.

Si discuten poco, interpretan que la relación es buena y que todo está bien.

¿Quién se atreve a preguntar en este caso si alguno de ellos está agotado por evitar discutir?

Esto último, el desencanto por agotamiento, es el desenlace más común en estos casos.

En Atman no gestionamos parejas, gestionamos equipos, pero hay algo muy parecido que acaba ocurriendo en muchas empresas.

Les preguntas si los equipos funcionan bien y muchas te responden esto:

  • Sí… cumplimos objetivos.
  • Sí… no tenemos demasiados conflictos.
  • Sí… la gente lleva años con nosotros.
  • Sí… hay buen ambiente.
  • Sí… las ventas van bien.

Cada vez que escuchamos esto, sentimos: ninguna de esas respuestas contesta realmente a la pregunta. Hemos visto equipos que cumplen muy bien con los resultados mientras se agotan por dentro. Departamentos donde nadie discute, pero no porque estén de acuerdo, sino porque hace años que dejaron de decir lo que piensan realmente. Personas que llevan muchos años en una empresa sin sentir que forman ya parte de ella. Organizaciones con un clima aparentemente magnífico, pero que se bloquean en cuanto aparece la primera conversación de verdad difícil.

Lo más complicado de un equipo —lo hemos comprobado una y otra vez— es que buena parte de sus fortalezas y de sus debilidades permanece oculta hasta que algo las pone a prueba. Nunca suele ser en un día a día tranquilo: se manifiestan el día que llega un conflicto o una dificultad.

Lo urgente impide ver lo importante

Dirigir una empresa es una sucesión constante de decisiones: incidencias, correos, clientes, personas, resultados, planificación, negociación. Pasan los meses, después los años, y en algún momento te das cuenta de que llevas mucho tiempo gestionando un equipo sin haber dedicado tiempo ni atención a lo que les motiva, lo que ambicionan, lo que temen o lo que ignoran.

Un director financiero dedica horas a analizar balances. Un director comercial revisa los indicadores cada semana. Producción controla los procesos al detalle. Marketing mide las campañas casi en tiempo real. Pero rara vez alguien mide con la misma disciplina cómo se están sintiendo y funcionando como equipo.

Se suele medir y revisar la producción sin poner atención a lo que motiva y potencia la producción. Son cosas muy distintas y confundirlas sale caro.

Pocas cosas se rompen con un solo golpe

Esta es, para nosotros, una de las trampas más comunes del liderazgo: creer que los problemas aparecen de repente.

Casi nunca es así. Ni la confianza desaparece en una mañana, ni la implicación se pierde en una reunión, ni el compromiso se rompe por una sola decisión.

Todo empieza mucho antes: cuando dejamos de escucharnos, cuando aplazamos conversaciones pendientes, cuando el reconocimiento se convierte en una excepción y no en una norma, cuando las reuniones se viven como un trámite, cuando la gente deja de discrepar porque siente que no vale la pena.

Los grandes problemas organizativos casi nunca nacen de un gran acontecimiento. Son la suma de pequeñas renuncias diarias que nadie se para a identificar.

No necesitas todas las respuestas

Durante años se entendió el liderazgo como la capacidad de decidir más rápido que los demás. Esa idea se ha quedado pequeña: los entornos cambian demasiado deprisa, nadie puede saberlo todo, y los equipos más sólidos no son los que dependen de una persona, sino los que piensan juntos.

Un buen líder no construye sobre la dependencia, sino que construye para la autonomía. No busca ser imprescindible, sino que el equipo siga avanzando aunque él no esté presente.

Lograr esto exige una habilidad que rara vez aparece en un organigrama: entender cómo funcionan las personas cuando trabajan juntas. Esto es, en el fondo, lo que en Atman llevamos 20 años haciendo con un método propio que genera grandes resultados.

No se trata de un conjunto de actividades sueltas, sino de un acompañamiento profundo y altamente rentable.

La mayoría de las empresas no tiene un problema de talento

Tienen un problema de conversación. Las organizaciones invierten mucho dinero en tecnología, en procesos, en metodologías y herramientas, y muy poco en aprender a conversar mejor.

Sin embargo, por la calidad de la conversación se mide todo: los conflictos, la innovación, la confianza, la coordinación, la creatividad, la motivación, los compromisos, las decisiones.

Las organizaciones mejoran en función de la mejora de las conversaciones que mantienen sus equipos.

Qué hace cambiar a una organización

Las buenas preguntas.

Las buenas preguntas traen buenas respuestas, o al menos no generan respuestas inmediatas sin reflexión. Por ejemplo:

  • ¿Tu equipo dice lo que realmente piensa?
  • ¿Las reuniones generan más claridad o simplemente ocupan vuestro tiempo?
  • ¿Las personas sienten que pertenecen a algo importante?
  • ¿El reconocimiento aparece solo cuando alguien hace algo extraordinario?
  • ¿Existe confianza suficiente en el ambiente de la empresa para admitir un error sin temor?
  • ¿Los conflictos se resuelven o simplemente se posponen?

Ninguna de estas preguntas aparece en un cuadro de mando. Y sin embargo, probablemente expliquen mejor el futuro de una empresa que muchos indicadores financieros juntos.

Llevamos 20 años haciendo estas mismas preguntas en organizaciones muy distintas: grandes, pequeñas, industriales, familiares, y cuanto más distintas parecen entre sí, más comprobamos que comparten los mismos desafíos. No son desafíos de estrategia sino de personas.

De esa comprobación, repetida cientos de veces, nació nuestro ebook Equipología.

No se trata de un manual de instrucciones, sino de una colección de reflexiones —21, una por día— tras acompañar a cientos de equipos y miles de profesionales a lo largo de estos años.

Hay un capítulo que te enseña por qué algunos equipos con mucho talento no rinden bien.

Otro sobre lo que la NASA descubrió entrenando astronautas, y que aplica exactamente igual a un equipo de oficina.

Otro sobre los perfiles que sabotean un equipo sin que nadie los llame nunca por su nombre.

Si crees que lo mejor para una pareja no es evitar la discusión sino profundizar en la conversación, la que puedes tener contigo mismo al leer este ebook, también puede ser lo mejor:

Es gratuito. Se lee en fragmentos de menos de diez minutos.

Si quieres descargarlo gratis, en la Home de esta web tienes un enlace para descargártelo una vez te suscribas a la newsletter. Lo recibirás en breve.

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